4/23/17

La belleza



Lo más inquietante del mundo material es la belleza
nada se le asemeja.
Perfecto ese mundo que ha sido embellecido y todavía resuella
perfecta la transformación de la energía
y su música espacial…
¡tanto que abrasa con fuego destructor y fecundo!
Perfecta la vida que nos sentencia a muerte.
Hoy he matado sin querer a una mosca que besaba el cristal
mañana correré la misma suerte
y su venganza será volar por mis pulmones
hasta que el vacío nos consuma.
Hermoso morir y que la mosca bese el poco aire que me quede.

Siempre le he temido al señuelo de la belleza
a su armonía intimidante
la he mirado con desconfianza
a través de un lente muy grueso y aturdido   
me ha sometido a la creación y al abandono 
me ha llevado a la cama con el gemido amatorio
y luego se ha escabullido como si no existiese.
Me da miedo su ausencia
que esté hoy y una noche cualquiera el fiscal del tiempo
la destierre a un bosque de hojas muertas.
A veces me martiriza la belleza
que esconde su miel en el mar y se convierte en fósil
-hermoso pero sin lenguaje.

Me sobrecoge
ya sean sus ojos oscuros o verdes
su piel de seda o papel
que quiera reir o llorar     correr o bailar
huir de mi tristeza

que se entregue a la fealdad con las pupilas ardiendo
y los brazos mórbidos
que sea quemada en la hoguera
y ame al tronco que la hace prisionera.

Me martiriza
y conmueve 
la belleza…
me da miedo
cuando se esfuma.

Carmen Karin Aldrey
Foto: "Caballo galáctico", obra de C. K. Aldrey, técnica mixta sobre lienzo.

La verdad se viste igual todos los días




Te levantas muy temprano en la mañana
y pasa lo mismo de todos los días
la verdad se viste igual
el beso enamorado desemboca en un motel
la traición tiene el color negro de siempre
los payasos se burlan ante el público 
y después lloran en el camerino
el silencio es sordo y ciego la bulla estridente
la quimera está lejos como un globo que desaparece
cuando deja de respirar 
a más de siete mil metros de altura

y tú te mientes
dices que eres feliz
que los sueños son restauradores
la realidad una ilusión y la fidelidad inquebrantable
que los duendes existen
y a los pobres demonios hay que compadecerlos
que gracias a la bondad de un racimo floreciente
las guerras dejarán de existir
la paz puede ser más que una utopía
las criaturas en vías de extinción prevalecerán a pesar de todo
la atmósfera del futuro será fragante no maloliente como se pronostica
dices dices dices dices

toca a la ventana una memoria de antaño
la-la-lara-la-ra-ra rosas en el mar
la Massiel canta y sube al cielo de Varadero con sus gangarrias jiposas
no tienes ni idea de a quién aplaudes
sólo sabes que “vino de afuera” y su música es libre como el viento
otra mentira
otra mentira
la libertad no existe
la democracia es barniz con fecha de caducidad
la lengua bífida de la cobra
detecta con su hidrometría la humedad
y a donde esté el agua se dirige
las izquierdas y derechas sólo pueden ser adivinadas
a través de sus ventanas opacas  
la geografía es de color cambiante
desde el primer mapamundi babilónico
el ojo imperturbable de la inquisición nos espía
los ejércitos esperan en las sombras

un día te despiertas con el sol del amanecer en la ventana
sus rayos te rompen la mirada
su resplandor te hiere el pensamiento
sientes que te has mentido desde que abriste los ojos
y confundiste el seno de tu madre con una montaña
lo ves todo como es
en este mundo semejante a todos los mundos
circunstancial y despiadado
hermoso y pendenciero
caótico y efímero
tan material que los cuerpos se agrietan
tan  apócrifo que las almas sangran
tan empírico que sólo el embrujo nos sostiene
tan perfecto que la Creación se erige en el centro del Universo
y se destruye a sí misma una y otra vez

todo se repite se repite se repite
el bien se traga al mal y viceversa
hoy escupes el rostro a la tierra
mañana le pasas la lengua
después te vas para siempre y no eres más que un soldado desconocido
un héroe anónimo sin vástago ni sarcófago

ceniza
eso serás
dedos de carbón y fuego que se apaga.


Carmen Karin Aldrey
De su poemario inédito "Luna Roja"
Foto: c.k.a. (c) 2017

4/16/17

La vida sigue...



LA VIDA SIGUE
(De cómo tu carta desembocó en un poema)
Levántate y anda.


Querido:

yo sé muy bien lo que es sentirse “inapropiadamente solo”
-se puede estar solo y no sentir que sea inapropiado-
sé lo que es abrir los ojos al regreso después de haber entrado
en el laberinto de la muerte
lo que es sentir las paredes blancas y vacías de un hospital
dando vueltas en las pupilas
recordándome la inexistencia de caricias
la ausencia de palabras esperadas
sé lo que es estar reclinada en esa cama de hospital tan impersonal y fría esperando a mi amante inútilmente y luego verla llegar sin flores ni poesías pero con un discurso ensayado
“me es imposible ocuparme de tu resurrección
tengo tantas cosas que hacer… lo he pensado muchísimo…
pero ya no tiene sentido que sigamos juntas”.

Sé de la rabia la conozco como si fuera mi hermana gemela
siempre he tratado de escabullirme de su conjuro
pero igual se las arregla para comparecer cuando menos la necesito
y llega al hospital cuando estoy sola y mi amante
se ha largado a conquistar los rascacielos de Century City.
Llega cuando estoy sola y desvalida (la rabia porque mi amante se fue a bolina) y todavía la fiebre me mantiene despojada de mis signos vitales
como una amortajada o una ebria sin techo
en su cama descubierta de la noche.

Pero…
                                        la vida sigue.

Hay pájaros en el balcón
retozan con el rocío y las incrédulas urracas californianas
el sol empieza a posarse sobre mis sábanas limpias de hospital
y recuerdo sutilmente agradecida
que he regresado muchas veces
con los pies hinchados pero vivos
y que a nadie tengo que agradecer por ello excepto a Dios 
y a los médicos de ese sistema de salud americana que tantos critican 
pero que alguna vez
ya muerta
me hizo volver a la tierra.

                                       La vida sigue

y hay mucha poesía esperando entre pastilleo y termómetros
un cielo provocador de vivencias
rostros nuevos que nos llaman desde el éter de la subconsciencia
algún que otro amigo que corre a nuestro lado sin desfallecer
melodías de este mundo y de otros tantos
-nada místicas diría más bien profanas-
ungiendo nuestros tímpanos con miel y leche fresca
incluso las voces imposibles
generalmente de vecinos festivos y gnomos desdichados
vienen en procesión a rendir el homenaje sagrado de la vida.
Porque hay una cosa cierta, ineludible:

                                     La vida sigue y es toda una aventura homérica.

Marbella | 2003

Carmen Karin Aldrey
Foto: "El árbol es una mujer que baila", de C. K. Aldrey

12/17/16

Desde la península y las islas hasta Aleppo



Llego a la parada del autobús y empieza a llover
Hay viento
las nubes negras se asemejan  
a esos demonios de los comics
Ráfagas violentas chocan contra los paneles
chispas muy finas me humedecen el rostro y las piernas
pasan algunos camiones a gran velocidad y el agua de los charcos me salpica
Estoy arrinconada
incómoda
siento deseos de insultar a la lluvia
gritarle eres inoportuna y fría
como aquella vieja chismosa del CDR
Estoy sola por tanto nadie puede ver
la mirada torva que pongo ante hechos desagradables
Llega un señor con una silla
que pone encima de uno de los bancos
tiene el pelo empapado
es canoso y de piel oscura muy arrugada
su aspecto es de homeless
me dice que viene de la farmacia y que tiene neumonía
está con fiebre
tose y tose
le pregunto si no tiene sombrilla
me responde que se la robaron
La silla es la típica silla de bar
alta y de patas blancas
el señor
-que además está sin afeitar-
huele fuerte y viste con ropa sucia
se saca del bolsillo un periódico viejo
y empieza a secar la silla con veneración abstraída
su delicadeza tiene la música suave del silencio
en sus ojos el amor despunta cuando le dice
qué silla tan linda eres
y pensar que estabas tirada en la calle
Yo cierro los ojos
he decidido ser feliz
trato de concentrarme en el sonido de la lluvia cada vez más copiosa
ya no me importa que el apuro de los camiones me empape los pies
ni que mi rostro se llene de gotitas fangosas
veo el pasado
estoy en el patio jugando con mis hermanos bajo el aguacero
mamá grita desde la puerta que la merienda está lista
y nos espera con toallas para secarnos
llegamos al portal chorreando diluvios
mientras reímos reímos reímos
y el tiempo es una fruta que se abre y suelta su jugo sobre la hierba
En eso siento el autobús que frena en la parada
con chirrido metálico y escandaloso
abro los ojos
me dispongo a subir la escalerilla
imagino que el señor tomará otra ruta pues se queda en la parada
pero le pregunto ¿no va a subir?
me responde que él vive cerca y sólo está esperando a que escampe
Entonces le doy mi sombrilla
me dice no de ninguna manera… ¿cómo usted va a hacer eso…
después con qué se tapa?
Entonces le respondo
no es para usted es para la silla
y él la toma
se abraza a la silla y después de darme todas las gracias del mundo
sale caminando calle abajo alegremente
La sombrilla baila
veo a Gene Kelly y Debbie Reynolds  singin’ in the rain
la lluvia les canta
La chofer del autobús sonríe y espera a que me siente
antes de proseguir su viaje
Relampaguea
cierro los ojos nuevamente y me quedo dormida
Donde la aridez espanta
los niños mueren bajo el fuego del infortunio.

Carmen Karin Aldrey
12-17-2016


Foto: Miriadna

10/25/16

Mundo febril y presumido



Mundo febril

y presumido

¿para qué quieres

el blasón y la corona?

¿por qué te escondes

entre velos y misales

y arrojas tu jactancia

al rostro sin ventura?

¿por qué miras de soslayo

al jinete de corcel airoso

y envidias su estrella

cuando el sol  se enciende?

 

Dime

tú que con la espada

y el discurso

te sientes redentor

mesiánico…


¿de qué te sirve?


Foto y poema: C. K. Aldrey

Juan Carlos Valls y Ulises Regueiro



SOBRE LA POESIA
Y UNA FOTO MIA TOMADA
POR EL FOTOGRAFO ULISES REGUEIRO
MIENTRAS ESCUCHABA
A JUAN CARLOS VALLS

Varias personas a través del tiempo me han dicho que “la poesía no vende”, incluso alguien llegó a decirme que era inútil. Sin embargo yo la considero elemental e indispensable, tanto como cualquiera de las artes o la misma ciencia. Antiguamente los poetas escribanos fungían como pilares necesarios en la sociedad, eran los que por encargo retribuído se dedicaban a redactar cartas de amor y componer poesías para los enamorados, y los aedos iban por las calles cantando sus poesías y la gente les pagaba por ello, incluso eran contratados por individuos económicamente privilegiados para animar sus fiestas o actividades de recreo o eran patrocinados por las cortes. Por supuesto que hoy por hoy, como tantas grandes creaciones a través de la Historia, la poesía ha evolucionado aunque haya quedado relegada a espacios elitistas, pero existe, así no sea remunerada o respetada como debe ser, y cumple una función orgánica dentro de la humanidad, porque entre otros beneficios es válvula de escape que evita calamidades, o por lo menos ayuda a sobrellevarlas. La poesía es una explosión, lava volcánica, lanza con punta muy afilada pero también escudo, y es angustia y belleza, se debate en arenas movedizas donde sale invicta aunque nazca en la oscuridad de cuartuchos inmundos.

Muchsímos poetas son suicidas en potencia (ésta en mi opionión muy personal de modo que el que me está leyendo tiene todo el derecho a disentir), gracias a la poesía la mayoría logra salvarse. El suicidio puede ser metafórico o real, el primero poco a poco va perforando el espíritu hasta desmembrarlo, es muy interior y emocionalmente frágil, el segundo es redentor, heroico, insurgente, ambos muy intensos. El poeta no es un comerciante por antonomasia, es un doliente, un soñador, un romántico, un testimonio de su época, esa es su verdadera naturaleza, y se lo hace sentir a quienes lo escuchan y profundamente a quienes en la poesía encuentran una voz.

¿Qué hace sentir un poeta cuando nos lee una de sus poesías y mientras lee nos convoca demandante a percibir su pasión tal y como él la sintiera cuando la escribía? Suceden muchas cosas, se abren muchas grietas, el universo estalla y nos entregamos sin resistencia a las emociones, y eso fue lo que sucedió en la presentación que hiciera Silueta del poemario de Juan Carlos Valls (Los días de la pérdida y la soberanía del deseo | Editorial Silueta | Septiembre, 2013), ese fue el impacto de la lectura en la audiencia, tan receptiva y entregada al fuego elocuente del poeta.  Desdichadamente no recuerdo exactamente qué poema él estaba leyendo cuando Ulises me tiró esta foto (que por cierto, no existe fotógrafo -o muy pocos- que capte las expresiones psicofisiológicas como él, todo un maestro), pero en memoria de aquél instante de visceral encantamiento, bajo aquí uno de los textos del libro:

“me escribo cartas como si fuera peligroso contar a los demás lo que pienso de mí. me pregunto si podré responder con la misma sinceridad tantas preguntas que me he hecho con el alivio del saber que ese otro yo no existe. a pesar de que escribo y escribo, a pesar de que en las noches cuando salgo a reviser las escaleras no pierdo la esperanza de que alguna vez responda.”

Muchas gracias a Juan Carlos Valls y Ulises Regueiro.


Para adquirir el libro: silueta@editorialsilueta.com

Y te perdono



Qué diría de ti…
que te perdono

ahora mientras vives
y te veo sonreir
llena de arrugas que amelgaron
la supervivencia y el miedo

ahora que deseas entrar
al mundo de los espíritus
sin culpas ni escenarios
y tu demencia carnal
se ha convertido en letras.

Fue tan fácil
entregarle mi ingenuidad
al extraño Judas
que en la Rampa
adivinó mis instintos
y me llevó a ti
envuelta con la noche

ahhh     la poesía y su grito
la adolescente con esperanza
de hierba y canela…

y tú
ensartada en la fascinación
de sábanas usadas
soplándole al viento traicionero
el despojo de mi identidad
el terrible desecho
de las palabras
que se grabaron detrás de las paredes
mientras reía mi alma…

Te diría que te perdono
que te regalo un girasol
y enciendo una vela
como si fueras Oshún
te diría que éramos bolas de cristal
adivinando el destino
y dando vueltas y vueltas
por las calles de una ciudad
cada vez más insoportable.
Y tú
tan víctima como yo
una sombra como yo.

Y te perdono
te perdono

porque la cárcel no es de hierro
para un muerto
y yo estaba agonizando
en las aceras sucias
de la historia.

Foto y poema: C. K. Aldrey

REQUIEM




Esta vez no es para los elefantes
no para los lobos
no para los rinocerontes
no para las ballenas y los delfines
no para los tigres y leones
no para los orangutanes y gorilas
no para las tortugas y las iguanas
ni siquiera para los gatos y los perros.
Este requiem es para las abejas…
que en paz descansen las que han muerto.

Foto: Internet Library
Texto: C. K. Aldrey

Cuarenta mil caballos



Yo sé
que cuarenta y cinco mil caballos
nunca van a resucitar
bajo esa atmósfera
de afligida existencia
y holocaustos ecológicos
que se pronostica
para el futuro…

morirán después de una carrera infructuosa
y sus espíritus saldrán volando
hacia alguna constelación
donde no existan los hombres

(el que no quiera despertar
que salte la página
y se mantenga en su burbuja).

Muchos se quedarán
con los ojos clavados en las fotos
donde el viento agita sus crines
y el sol alumbra sus pestañas
otros moriremos con ellos
en una vieja calle de ciudad dormida.

Los pescadores sin zapatos
de mi infancia
me contaban que el primer caballo
nació en el mar

recuerdo la yegua de Limonta
cuando cruzaba el estero
aunque estuviera cubierto
por las aguas
y él tenía que regresarla a tierra firme
y amarrarla a una cerca
para que no lo siguiera al cayito

yo me sentaba con ella
debajo de las matas
le daba pedacitos de naranja
caramelos y masa de coco
y conversábamos
en la quietud del mediodía
hasta quedarnos dormidas…

Un hechicero new age
me dijo hace unos años
que ella regresó a la tierra
ahora la imagino
corriendo por las praderas
del American West
junto a manadas de mustangs
y burros salvajes
que antes eran perseguidos
por lobos y pumas
y ahora huyen de los hombres
que los han condenado
a muerte…


Foto: Internet Library
Poema: C. K. Aldrey